Donuts caseros

¿A quien no le gusta desayunar un donut? A mi personalmente me encantan los de azúcar. Cuando era pequeña, los donuts que conocemos no existían. Pero sí los donuts de toda la vida, hechos con productos básicos y sin aditivos, fritos en aceite de girasol y espolvoreados con azúcar glass. Recuerdo que había una pequeña cafetería en el centro de Moscú, y a veces, cuando paseábamos con mi madre por ahí, nos acercabamos para comprar unos cuantos donuts (en ruso se llaman “Pónchiki”) calentitos envueltos en una bolsa de papel marrón, y nos los comíamos yendo por la calle. Era un enorme placer hincarle el diente a este “redondo pecado” 🙂

Hace tiempo que quería prepararlos, tenía varias recetas esperando y por fin me animé. La verdad es que los echo de menos, los caseros, ricos y aromáticos donuts. Os ofrezco esta receta, espero que la probeis. Mirad qué bonitos me han salido. Ni los Dunkin Donuts se pueden comparar con ellos!!!! 🙂

Ingredientes (para unas 16-18 unidades):

  • 200 ml de leche
  • 3 yemas de huevo
  • 3 cucharas de azúcar
  • 25 g de levadura de panadería
  • 250-300 g de harina
  • sal, azúcar avainillado, nuez moscada
  • 100 g de mantequilla
  • Aceite de girasol para freir, azúcar glass.

Para empezar hay que saber que esto tarda unas cuantas horas. En total unas 2 horas y media. Sí, es un poco largo, pero merece la pena. Hemos de deshacer la levadura y el azúcar junto con el azúcar avainillado en leche templada. A continuación batimos las yemas y las encorporamos a la mezcla de la leche. Ahí mismo rallamos media nuez moscada, añadimos la mantequilla ablandada y la harina poco a poco.

Amasamos con las manos hasta obtener una masa bastante espesa (más o menos como para el pan).

Tapamos la masa y la dejamos en un lugar sin corrientes de aire, hasta que suba y aumente de volumen al menos el doble (más o menos una hora y media).

La volcamos con cuidado sobre la superfície de trabajo enharinada y sin amasarla vamos quitando trocitos más o menos iguales, los convertimos en bolitas lisas y les hacemos un agujero en medio con el dedo. Ensanchamos el agujero un poco, ya que los donuts subirán aún y el agujero se hará más pequeño. Hay otra manera de hacerlos más bonitos e iguales. Es estirar la masa hasta obtener un espesor de 2 cm más o menos, cortar círculos (con un vaso) y hacer otro círculo dentro con algo más pequeño (yo lo he hecho con una cuchara especial para sacar bolitas de la fruta, ya que es totalmente redonda y corta bien). También he optado por hacer donuts enteros y rellenarlos después con mermelada. Para ello dejamos las bolitas sin agujerearlas y las aplastamos un poco con las manos.

Colocamos todos los donuts en una bandeja y les dejamos 10-15 minutos que suban un poco.Mientras suben, preparamos la sarten con aceite (bastante) de girasol y la ponemos a calentar. En un cuenco ponemos azúcar glass y lo reservamos. También preparamos un plato llano con una servilleta de papel encima para poner ahí los donuts recién fritos para que el papel absorbe el aceite que sobra. Una vez preparado todo esto, y cuando el aceite esté bien caliente, freimos los donuts por ambos lados. Más o menos son unos 2-3 minutos cada lado, o incluso menos. Depende de la temperatura del aceite.

Después de escurrir un poco los donuts en la servilleta de papel, mientras están aún calientes (esto es importante!) los introducimos en el azúcar glass y los empapamos bien de el, hasta que estén totalmente blancos.

Para rellenar los donuts enteros, hace falta escoger el relleno (en mi caso es mermelada de frambuesa, pero puede ser crema pastelera, chocolate, caramelo, etc) y también será necesario una manga pastelera con una boquilla especial (muy larga). Yo tengo este artilugio que me ha salvado muchas veces y va muy bien 🙂

Lo rellené de mermelada y lo demás fue coser y cantar. Intriducimos la boquilla dentro del donut y vaciamos la mermelada dentro hasta que esté lleno.

Con otros donuts en lugar de pasarlos por el azúcar glass, les unté de chocolate y les puse almendras por encima. Aqui ya cada uno puede hacer lo que le guste. La imaginación vuela. La verdad es que están muy buenos, nada que envidiar a los industriales sino todo lo contrario: mucho más sanos y naturales. Y no salen nada grasientos. Se conservan varios días si los guardais tapados. ¿Y quién se puede resistir a pegarles un bocado? 🙂

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Acerca de Uliana

Soy una amante de la cocina y de la comida
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