“Pirozhkí” con col y setas

Mientras mi marido y yo descansamos placidamente en casa de mis suegros en Bretaña, como ya sabía, me ha entrado el mono de cocinar:) En fin, no puedo estar sin cocinar mucho tiempo. Para que mis suegros conozcan mejor la cultura y la gastronomía de mi país (Rusia), siempre intento cocinar platos rusos. El plato que os presento hoy es quizás unos de los más típicos y más antíguos que tenemos en Rusia.

 “Pirozhkí” son unos bollos rellenos con diferentes productos. Puede ser carne, huevo duro con atún o salmón, y cebollino, setas con arróz o con cebolla, pero mis preferidos son los de col frita. También se hacen con col fermentada (una especie de chucrut ruso), pero el sabor de mi enfancia es exactamente este: “Pirozhkí” con col. Son los que más hacía mi abuela y también su prima, cuando íbamos a visitarla. Eran los preferidos de mi familia.

Para variar también hice bollos son setas, ya que en Rusia se consumen muchas y de múltiples variedades, y ahora es justo la época cuando empiezan. Son quizás mis dos sabores  más queridos de la cocina rusa.

Para preparar la masa, existen muchas recetas, y casi todas son de masa fermentada (con levadura), pero también hay recetas rápidas sin levadura. Los “Pirozhkí” se puede hornear o freir en acete abundante, las dos maneras son buenas, pero yo siempre prefiero hornear, ya que es la manera más sana, aunque no la más rápida:)

La masa que suelo usar para preparar estos bollos se prepara de una forma bastante sencilla y necesitaréis los siguientes ingredientes (estas cantidades son para aproximadamente 25 bollos):

  • 50 g de levadura fresca de panadería (podéis usar la de sobre, necesitaréis 2 sobres)
  • 1 cucharilla de sal
  • 1 vaso (250 ml) de leche templada
  • 2 cucharas de azúcar
  • 200 g de mantequilla a temperatura de ambiente
  • aproximadamente unos 700 g de harina de buena calidad

En un bol de tamaño grande trituramos con las manos la levadura y la sal. Añadimos la leche templada, el azúcar y la mantequilla cortada en trocitos.

Lo trabajamos todo con las manos hasta que todos los ingredientes se deshagan bien. A continuación añadimos poco a poco la harina y vamos amasando hasta conseguir una masa pesada pero no demasiado espesa, es decir que se pegue un poco a las manos, pero que al mismo tiempo se vaya despegando de ellas conforme vamos amasando.

Después la tapamos con film transparente o con tapa y la dejamos reposar en la nevera 4 horas como mínimo. A pesar del frío, la masa fermentará y aumentará de volumen al menos dos veces. Podemos dejarla en la nevera más tiempo, hasta una noche entera (si por ejemplo la preparamos por la noche y queremos hacer pasteles al día siguiente por la mañana), pero como mínimo debe reposar 4 horas.

Mientras la masa sube, preparamos el relleno. Como ya os dije, podéis usar el que más os gusta, aqui la imaginación vuela, pero yo sigo con mi receta de col. Nos hará falta una col blanca mediana, la que tendremos que cortar (con mucha paciencia) en juliana.La ponemos en la sarten sin aceite y la empezamos a freir a fuego vivo. Para que la col coja un color dorado bonito, hace falta quemarla un poco, y es lo que vamos a hacer. Una vez veis que se ha quemado bastante, añadimos un chorro de aceite vegetal y seguimos friendo a fuego vivo.Luego añadimos medio vaso de agua, tapamos la sarten y bajamos el fuego. Dejamos pochar la col una media hora hasta que esté tierna. Añadimos sal y pimienta a gusto.

Para hacer el relleno de setas, el proceso es el siguiente:

Podéis optar por los champiñones, aunque yo prefiero setas silvestres (se venden congeladas en grandes superficies). Lavamos y limpiamos bien las setas (unos 500 g), las cortamos en trocitos pequeños. Freimos un par de cebollas finamente cortadas y cuando estén doraditas, añadimos las setas cortadas. Lo freimos todo junto hasta que las setas estén hechas, salpimentamos a gusto y lo reservamos.

Pasado el tiempo que hemos dejado para la masa, la sacamos de la nevera. Es importante que la masa y los rellenos tengan la misma temperatura. No useis el relleno caliente, ya que la masa contiene mantequilla y el calor del relleno haría que los bollos no se cerraran bien.

A partir de aqui el proceso es bastante fácil. Amasamos un poco con las manos una parte de la masa.La estiramos un un rodillo hasta obtener un espesor de 5 mm más o menos. Marcamos círculos con un molde o un simple bol pequeño y los cortamos con un cuchillo.

A continuación ponemos el relleno en cada círculo.

Y empezamos a cerrar el bollo con los dedos. Usad la harina para que no se os pegue la masa a los dedos.

Hasta que quede así:

En este momento tenemos varias opciones: darle la vuelta para que la “costura” quede abajo, o decorar el bollo como más nos guste. Debido a que este masa tiene un pequeño inconveniente, y es que se suele abrir, habéis de cerrar los bollos muy bien, apretando muy fuerte, asegurándoos de que no queda ningún agujerito. Os aconsejo que les deis la vuelta para que queden con la “costura” para abajo, porque es la manera más segura de que queden bonitos. Yo he hecho varios formatos. Uno es este:

Y el otro (más que nada porque lleva un relleno diferente, y es para poder saber cual es cual una vez están hechos):

Dejamos que los bollos reposen un poco y la masa suba un pelín. Aproximadamente unos 15 minutos. Mientras encendemos el horno y dejamos que se caliente hasta 200ºC. Untamos los bollos con huevo batido y los horneamos hasta que tomen un color dorado (aproximadamente 15-20 minutos). Los sacamos y los tapamos con un paño limpio y seco, y los dejamos enfriar directamente encima de la bandeja del horno. Cuando se hayan enfriado un poco, los ponemos sobre un plato  o una bandeja y los servimos aún templados. En mi casa solíamos comerlos con un buen té negro con azúcar. Es el sabor de mi infancia 🙂 Pero se puede acompañar de una buena ensalada o con un caldo.

La masa que he utilizado en esta receta es muy cómoda para trabajar, aparte de ser muy rica y crujiente. Os recomiendo que la uséis también para preparar pasteles salados o dulces (añadiendo un poco más de azúcar). Nosotros también hacemos “Pirozhkí” dulces: con confitura de frutas, con manzanas, frutas de bosque, etc.

Bueno, pues aqui están los recién hechos, calentitos y apetitosos “Pirozhkí”. Espero que los disfrutéis como han hecho mis suegros y mi marido 🙂 Y yo más que nadie!!! 🙂

 

 

 

 

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Acerca de Uliana

Soy una amante de la cocina y de la comida
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